MI PRIMER FISTING

Imagen de Yesica

MI PRIMER FISTING EN MÉXICO

Trascurría el mes de noviembre de 2001 y me encontraba en ciudad de México como turista. Me había alojado en un hotel central lo que me permitía estar más cerca del corazón de la ciudad y por lo tanto el acceso más fácil a centros comerciales y recreativos.

Un buen día me dio por conocer un poco la ciudad, salí a andar por sus calles. Eran como las 11 de la mañana y amenazaba con desprenderse en cualesquier momento un torrencial aguacero, por lo que resolví ingresar a alguna sala de cine donde proyectaran una película porno, para luego almorzar en algún restaurante cercano. No necesite andar mucho pues rápidamente encontré una al voltear la esquina.

Era muy temprano aún, pues las proyecciones comenzaban a las 11:30 am y allí en su entrada, que era una gran salón donde se exhibían los carteles y fotografías de las películas programadas para la semana, sólo se encontraba un señor como de unos cincuenta y pico de años, canoso, de ojos verdes y aspecto extranjero, que a lo mejor, como yo, había decidido guarecerse en ese lugar para escapar de la lluvia que ya empezaba a mojar las calles de ciudad de México.

Al entrar saludé, como es natural en todo turista, y éste, como medio sorprendido quizás por falta de costumbre, me miró como todo extrañado, balbució también un "buenos días" y siguió mirando los anuncios de las proyecciones que anunciaban para la semana. Empecé a recorrer con mi mirada toda la galería de fotos y con el rabillo de mis ojos me di cuenta que ese señor me miraba de arriba-abajo, como examinándome.

En algún momento coincidí con él en la observación del cartel de la película que proyectaban ese día, donde sólo aparecía el título, "FISTING", el reparto de actores y una mano enguantada. Dirigiéndome una sonrisa me dice: "Parece como interesante la película de hoy". Sonriéndole le respondí con la cabeza y mostrándome interesado en verla mientras pasaba la lluvia repentina, violenta y de corta duración que había en las afueras. "Eso mismo pienso hacer", respondió sonriéndome nuevamente. En ese momento abrieron la ventanilla donde expendían los boletos por lo que inmediatamente nos dirigimos allí y cada uno pagó el suyo y entramos.

La sala, desde luego, se encontraba desierta en ese momento, pues éramos los primeros en ingresar. Coincidencialmente, sin ponernos de acuerdo, nos dirigimos al fondo de la misma donde se veía una pequeña luz que se filtraba por una cortina en donde supuse se hallaban los sanitarios. Solo acatamos intercambiar una sonrisa por dicha coincidencia pero no nos hablamos. El entró a su retrete y yo al mío que quedaba a continuación y empecé a orinar.

No lo escuché a él sino cuando se bajó el cierre y aflojó como una correa metálica; me bajé del todo el pantalón para apreciarme una pequeña tanguita de mujer que tenía colocada a manera de interior y luego de empezar a manosearme el vello púbico y las nalgas cogí mi pene que ya estaba erecto e instintivamente comencé a frotarlo.

Me dio la impresión de que era observado y ladeé mi cabeza hacia la pared metálica que dividía mi retrete de la del vecino y, como a unos 80 centímetros había un pequeño hueco a través del cual pude ver cuando éste retiro de allí su ojo pues la luz se filtró. Me asomé por tal abertura y allí se encontraba él sobándose su enorme tranca de carne bien erecta y con un glande que le brillaba.

Como que se dio cuenta que lo observaba, porque se volteó en una posición en dirección al huequito por donde yo miraba, me sonreía como para que me diera cuenta de que estaba pillando mi voyeurismo. Me dio pena, me guarde el pene que ya tenía con una gran erección y salí de allí para sentarme en las bancas de atrás. Ya para este momento habían ingresado algunos espectadores a la sala pero se hallaban sentados en las sillas del centro, muy retirados de donde yo me encontraba.

Como a los cinco minutos apagaron las luces y empezaron a proyectar algunas propagandas y unos pequeños clips de películas de próximo estreno. La sala se iluminaba con la luz de la pantalla por lo que pude observar que "mi vecino" del retrete también se había dirigido a la misma fila de bancas en que yo me encontraba y con un "¡hola!" se fue sentando al pie con una silla de por medio.

"Cómo estás?", le respondí sonriente y continué observando la pantalla.

No había trascurrido ni 10 minutos y ya se iniciaba la proyección de la película titulada en inglés "Fisting". Yo sabía que traducía (puño en la vagina o el ano) y aunque tal vez por "censura" no exhibían escenas de las fotografías, confieso que fue eso y no la lluvia lo que me motivó realmente a ingresar.

De pronto sentí un ligero roce en la suela de mi zapato izquierdo. Pensé que era casualmente que mi vecino había estirado su pie derecho y resolví no retirar mi pié, pues algo me impulsaba interiormente a buscar su compañía. Es más, lo deseaba pues al fin y al cabo con ese propósito había buscado un cine porno, pues en otras oportunidades he encontrado alguna aventura sexual.

No me había equivocado. Un ligero empujoncito de mi zapato nuevamente y al voltear a ver a mi vecino observe que éste había desabrochado la bragueta de su pantalón y, en medio de una luz tenue con que la pantalla iluminaba toda la sala, tenía en la mano izquierda su poderoso miembro viril; con la mano derecha se apretaba una de sus tetillas y me dedicaba una candorosa sonrisa, como convidándome a que me acercara. Y así lo hice.

Avance hacia la silla que teníamos de por medio y pudimos juntar nuestras rodillas. "Ya sabe de que trata la película?", lo interrogué como para iniciar una conversación. "Claro, por eso fue que le dije que parecía como interesante", me respondió, al tiempo que colocaba su mano derecha sobre mi pierna y enderezaba más su pene para que yo lo observara bien.

Mandé mi mano izquierda hacia su miembro y pude sentir no solo su grosor sino también unas ligeras pulsaciones en sus venas inflamadas. En vista de esto mi vecino me levantó la pierna izquierda y la acomodó sobre su rodilla derecha, al tiempo que me interrogaba: que como me llamaba, que si era extranjero, que si le gustaba su falo me "disparó" tal cantidad de interrogantes que sólo algunos de ellos pude responder pues no resistí el bajar mi pierna para tomar una posición más cómoda y poder agacharme para saborear semejante mole de apetitosa carne que se me ofrecía.

Mientras le pegaba tremenda mamada mi vecino dijo que se llamaba George, era de origen alemán pero que hacía mucho tiempo estaba residenciado en México, en un apartamento de soltero que tenía en pleno centro de la ciudad, a escasas cuadras de allí. Como en ese momento proyectaban ya una escena de fisting que realizaban un adulto y un joven, George me tocaba la cabeza para que interrumpiera un momento y observara, diciéndome: "mira, mira, que bien la están pasando esos de la película". Levanté mi cabeza y efectivamente, la escena era la siguiente:

Un tipo como de 50 años de edad, desnudo y con una erección de mil demonio que sostenía con una mano mientras la otra intentaba penetrar a un joven rubio como de 34 años que se encontraba igualmente desnudo, inclinado y de rodillas en una pequeña cama, con la cabeza y los antebrazos apoyados sobre una almohada, el pompis levantado y quejándose de dolor y placer al ser penetrado por el puño del adulto.

Mi excitación era tan extrema que alcancé a balbucear "Uy, que rico que deben estar pasando". Como George me oyó, inmediatamente me interrogó: "En una situación de esas, cual de los dos papeles te gustaría realizar?" No vacilé en responderle inmediatamente: "El del joven, desde luego"!!!

Como esperando esa respuesta me disparó la correspondiente pregunta: “estarías dispuesto a probar?" Mirándolo fijamente a sus lascivos ojos lo contra interrogué: "Con quién, con usted acaso?" Tomándome la mano me dice, "Claro, tengo alguna experiencia en ello". Incrédulo y agarrando la muñeca de su mano le dije muy seguro: "No, no creo que esta manota tan grande entre por mi ano", y soltando su mano para coger su templado y gordo pene, rematé: "Si acaso entrará este".

Con una sonrisa maliciosa me estampa un beso en el lóbulo de una de mis orejas y me reta: "por qué no probamos? Si te entra este, mi mano también puede entrar. Nada se pierde con probar!! Te arriesgarías?". Al responderle afirmativamente me convidó a que saliéramos y nos fuéramos para su apartamento que quedaba cerca.

Por el camino me dijo que aprovecharíamos para que yo me probara una ropa interior de lencería que tenía sin estrenar y que la estaba reservando para una ocasión como ésta. Que tuvo un amigo con quien practicaban el fisting pero que este había viajado hace algunos meses al exterior y no había vuelto a saber de él. Yo le confesé que nunca me habían metido el puño en el ano, aunque era una de mis fantasías y hasta algunas fotografías que bajaba de Internet me gustaba coleccionar. Así nos fuimos conversando hasta que por fin llegamos a un edificio muy bonito, como de veinte pisos y, luego de saludar al portero para que nos abriera, tomamos el ascensor pues su departamento quedaba en el último piso.

Ingresamos a éste encontrándolo en un perfecto orden, llamándome la atención cuando me enseñó su habitación en el que había infinidad de imágenes de hombres desnudos, donde predominaban aquellas fotografías que mostraban sus enormes penes. Luego de hurgar en una mesa de noche que había al pie de su cama sacó un estuche negro y empezó a explicarme para que servía cada uno de los elementos que estaban allí.

Primero tomó un pote plástico y me dijo que ese era un Gel lubricante especial pues, además de lubricar y dilatar el ano, tenía cierto componente analgésico y anestésico instantáneo para amortiguar el dolor. "Muchos utilizan la saliva para lubricar el sexo. Sin embargo, a veces la saliva no es suficiente. La mejor solución es utilizar una leche hidratante, o mejor, un lubricante como éste".

Tomo dos elementos y me explicó: "Esta es una pera de lavado. Se trata de una pequeña bomba que termina en un plug y sirve para limpiar el interior del recto antes de la penetración anal".

Un Plug expandible anal: "Se coloca esta pieza de plástico en el recto para dilatar y relajar los músculos alrededor del ano. Su forma de doble cono permite una penetración progresiva y una buena sujeción en el interior del cuerpo, sin peligro de que se salga".

Y, finalmente saca como una especie de rosario gigante y dice: "Bolas anales: Un conjunto de 6 canicas de polietileno encadenadas en una varilla. Normalmente, están fabricadas con un material rígido, si bien la varilla suele ser de nylon flexible. Existen modelos especiales de varias bolas adaptables y con vibraciones. Se usan con un movimiento de vaivén para dilatar el ano, o se dejan quedar en el interior de éste durante el sexo oral. Cuando estés próximo al orgasmo se retiran las bolas; estimulará así las paredes anales, e intensificará el placer sexual. No hay que olvidar dejar siempre una extremidad del accesorio fuera del ano, para poder sacarlo en cualquier momento".

Terminada su explicación le pregunté por la lencería de que me había hablado. Inmediatamente sacó de otro cajón unas prendas diminutas y de transparencias y me dice: "Realmente tengo de varias tallas y diseños. Como veo que te gustan este tipo de prendas, según te observé allá en el cine, serás tu quien escoja la que más te guste porque a mi me gustan todas". Las dejó sobre la cama y me invitó a que tomáramos antes un baño y allí me explicaría como se usa la pera de lavado para limpiar bien mi ano.

Nos desnudamos y ninguno de los dos pudo ocultar la excitación que teníamos. Nuestros penes estaban bien erectos, pero él me doblaba en tamaño y grosor.

Nos metimos al baño y yo no dejaba de admirar aquel enorme falo con su glande al descubierto y unos testículos cuidadosamente depilados, al tiempo que de vez en cuando miraba su pecho, tetillas y velludos brazos; sus manos eran enormes y no me hacía a la idea de que una de estas pudiera caber en mi culito que, aunque un poco más ancho de lo normal por haber tenido una operación de hemorroides hacía 3 años y de ensancharlo a punta de frascos y pepinos que me introducía algunas veces para masturbarme, sus manotas eran demasiado para mí.

Nos enjabonamos mutuamente. Él mismo introducía en mi culito enjabonado la punta en forma tubular de la "pera de lavado" insuflándome agua al interior para luego sentarme en el sanitario y hacer allí la deposición de excrementos líquidos, como si tuviera diarrea.

Esta misma operación la hice yo mismo como por tres o cuatro veces más hasta que ya sólo me salía agua limpia del ano.

Nos duchamos y resolvimos salir rápidamente del baño para no darle más espera a la ansiedad que nos embargaba. Además, yo estaba lleno de curiosidad por sentir sus manos acariciarme el culito y probarme uno de aquellos calzoncitos de mujer que tenía como lencería para mi. Antes de salir me tomó en sus brazos para morrearnos y jugar con nuestras lenguas explorando nuestras cavidades bucales. Sentía su potente pene contra mi ombligo en tanto que el mío rozaba sus testículos pues él era de mayor estatura que yo.

Nos secamos con sendos toallones y nos dirigimos a su habitación en donde me dice: "Bueno, antes a probarte las interiores que más te gusten. Te deben moldear muy pícaramente ese bello culito que tienes". Dicho y hecho, tomé una pequeña tanga color carne, transparente que sólo tapan por delante ya que se ciñen a la cintura y atrás por un delgado hilo que se me metía entre el ano estimulándome al máximo con su roce.

"Ponte el pequeño sujetador que hace juego con la tanguita para ver como te queda". Inmediatamente, aunque de una manera zalamera, le repliqué: "Para taparme qué si no tengo tetillas con pezones tan grandes como los tuyos?". Nos reímos del apunte y mirándome ante un espejo de pared que había allí, de verdad que dicha tanguita me quedaba provocadoramente sensual. Aunque pequeña se amoldaba muy bien a mi redondo culito. Me sentía como una putica bien caliente.

Me agarró por detrás apuntalando su pene contra mi nalga al tiempo que me daba besitos en el cuello y me decía: "Que rico te vez. Ya verás que la vamos a pasar muy bien. “Te quieres tomar un trago antes?". Me apreté contra su desnudo cuerpo para sentir los vellos de su pecho y su verga que me enloquecía; le dije que bueno pero que no demorara porque era más mi curiosidad y ansiedad de probar que se sentía al ser penetrado por su mano.

Trajo una botella de vino seco francés y luego de dos tragos empezaron los preparativos. Me hizo colocar al borde de la cama, de rodillas e inclinado hacia delante para que pusiera mis antebrazos y cabeza sobre una pequeña almohada y así poder levantar mi pompis.

Seguidamente sentí como cojía con ambas manos mis nalgas para separarlas un poco y, después de apartar un poco el hilo de la tanguita, pasaba uno de sus dedos por mi rayita y comenzó a jugar con su lengua en mi ano. Que delicia cuando hacía círculos e introducía la punta de esta. El estremecimiento me hacía sentir como que mi ano se cerraba y abría aceleradamente, deseoso de ser penetrado.

Así estuvimos como diez minutos hasta que tomó el frasco de lubricante y me untaba en el ano, introduciendo primero uno y luego dos de sus dedos para que dicho Gel penetrara. Seguidamente comenzó a introducirme despacio el "Plug anal". A medida que este iba penetrando el anillo de mi ano dilataba efectivamente el recto y en verdad no sentía dolor alguno, tanto por el gel y la sensación de la penetración como por la ansiedad que me embargaba.

Sentí cómo este plug terminó su recorrido y, como su boca exterior terminaba en un anillo redondo de caucho que se amoldaba perfectamente en mi ano para no pasar más.

No aguante las ganas de tocarme allí y me causó sensación la boca tan ancha que sentí alrededor de mi ano completamente abierto y un suave vapor caliente parecía que emanaba de muy adentro. Su abertura era similar como cuando tocas la boca ancha de un frasco de mermelada, exagerando un poco no más.

"Ahora introduzco las bolas anales para que te estimulen y dilaten aún más el recto. “Te ha dolido?" Después de negar con mi cabeza empezó a introducir sus bolitas por la abertura que antes había yo palpado y es indescriptible las sensaciones tan agradables que se sienten en la medida en que estas se van deslizando por el esfínter. Yo estaba que reventaba en un grandioso orgasmo pero concentré mis expectativas en su mano que estaba siendo cubierta por un guante de esos que se utilizan en cirugía, al tiempo que se embadurnaba con el gel y nuevas gotas de aquel afrodisíaco lubricante derramaba sobre la boca de mi ano para ayudarle a las bolitas en su desplazamiento.

"Ya, papito, probemos de una vez por todas tu mano", le clamé al tiempo que cerraba los ojos para concentrarme en esta nueva experiencia para mí. Empezó por retirarme la cadena de bolitas produciéndome placenteras contracciones; luego retiró el dispositivo anal que me había introducido, sintiendo como un gran vacío cuando salió definitivamente. Supongo que ya la cabeza de mi pene se encontraba toda impregnada de mis líquidos pre-seminales debido a la excesiva manipulación sobre mi culito.

Creía entonces que comenzaba ya a introducirme su mano enguantada y cual sería mi sorpresa cuando, asiéndome con ambas manos de la cintura, me dice George: "No puedo aguantarme las ganas de culiarte ese redondito culo tan hermoso. Si entra esto también lo hará mi mano". Me dio un beso en cada nalga y proyectando su glande en dirección a mi ano de un solo golpe me clavó su gruesa verga que sentí desplazarse a través de mi esfínter causándome un inmenso placer.

Que lubricante tan maravilloso. A pesar de lo grueso de su falo, éste entró con suma facilidad debido a la gran dilatación que me había proporcionado el plug y las bolitas anales. Halándome de la cintura entraba y sacaba su herramienta de mi estuche anal y yo seguía conteniendo mi orgasmo que estaba reservando para el fisting.

"Bueno, ahora si vamos a probar mi puño. Relájate y verás que bien la vamos a pasar". Dicho esto sacó su pene de mi culo, untó nuevamente más lubricante a mi ano y en su mano enguantada y comenzó a hacerme masajes con tres dedos dentro de mi hoyito como buscando ensanchar más la entrada. Luego, para meter un cuarto dedo, sentí como que encogía la palma de su mano y acomodaba su dedo pulgar entre los cuatro dedos que ya estaban metidos y empezó a meter y sacar suavemente, pero sólo llegaba hasta los nudillos donde terminan las falanges de los dedos. Así estuvo manipulando como por espacio de cinco minutos y hasta ahí no sentía dolor alguno.

Luego empezó a presionar para traspasar la barrera que impedía el paso a los nudillos y, ahí sí, comenzó a dolerme por lo que le advertí. Sacó su mano y, como para tranquilizarme me dio besitos en la nalga al tiempo que me explicaba que allí donde atrancaban los nudillos de su mano era una especie de anillo, muy delgado y un poco resistente a la dilatación y que era el que se rasgaba en los desvirgues de culitos. Pero que no me preocupara porque le iba a hacer muy lentamente, dejándome descansar y untándome más lubricante para que se adormeciera un poco. Que me tranquilizara puesto que estaba un poco tensionado; que no era sino que pasara ese anillo y ya adentro el esfínter era una cavidad más ancha recubierta de músculos blandos que facilitarían el alojamiento de su mano incluso con la palma semi-abierta.

Así estuvimos intentando como por espacio de veinte minutos hasta que al final este cedió no sin antes producirme un gran dolor que me hizo gritar pero luego empezó a disminuir, al dejar quieta su mano hasta que mi ano se acostumbró a ella. Descansé como por espació de 2 minutos y me relajé, pues estaba aprisionando la muñeca de su mano, que era desde luego más delgada que la parte que ya me había introducido, para que éste pudiera seguir introduciéndola. Ya no me dolía y por el contrario sentía oleadas de placer cuando George movía sus dedos dentro de mi esfínter.

Siguió hundiendo más su muñeca y parte del antebrazo hasta haber logrado introducido unos 20 centímetros en total, según medimos después que la sacó y me mostró hasta donde había penetrado. No sobra decir que mientras yo estallé en un potente orgasmo que se estrelló contra el tendido de la cama, el chorro de semen de George me bañó el culo y la espalda por estar tan pegado a mí.

Nos tomamos otro par de copas de vino y nos acostamos a descansar mostrándole mi asombro cada vez que le miraba la mano que me había metido y él, todo orgulloso, me decía que era que estaba tratando con "todo un experto en fisting". Ingresamos de nuevo al baño donde mutuamente nos enjabonamos y jugamos con nuestros cuerpos. No pude contenerme en pegarle una chupada a sus lindas tetillas y a su pene, en tanto que él no se aguantó las ganas de encularme nuevamente "a lo perrito", como lo había hecho antes en su cama.

Quedamos en que yo lo llamaría antes de regresarme para Colombia para que hiciéramos una nueva sesión como la que habías tenido y así se dio a los pocos días.

FIN