Registro Onlyfisting - Galerías exclusivas de fisting extremo y amateur Foro y Chat únicamente para miembros Contacta con más de 5000 amantes del fisting como tú ¡Registro Gratuito!

David 2

Habíamos quedado por fin después de haber estado conectados por messenger durante unas semanas. La verdad es que acudía a la cita sin estar muy convencido de que fuese real, y no simplemente fantasías suyas, lo que me había ido contando durante las sesiones de chat. Se llamaba David y tenía 21 años, eso sí parecía verdad por el aspecto que tenía por cam. Vivía con sus padres en un pueblo de las afueras de Sevilla y, como ninguno teníamos sitio, habíamos decidido vernos en la sauna. Yo llegué pronto y entré directamente para comprobar cómo estaba el ambiente. Me había llevado una mochila con todo lo que podíamos necesitar y, para dar una vuelta más cómodo, la dejé de momento junto a mi ropa en la taquilla. La sauna estaba bastante tranquila como cabía suponer por la hora y el día: conté cuatro o cinco tíos en total. David no estaba por ninguna parte y al cabo de diez minutos me pregunté si no habría ido allí para nada. Al dar una segunda vuelta por la sala de taquillas lo vi entrar vestido con una sudadera y un pantalón de chándal. Al verme me sonrió y me preguntó si llevaba mucho allí. Me dediqué a observar cómo se desnudaba mientras charlábamos. Por cam no se apreciaba demasiado bien, pero ahora, podía comprobar que estaba mucho mejor de lo que me había imaginado. No era muy alto pero se notaba que era un adicto a las pesas y que ya se había metido más de un ciclo a juzgar por el tamaño de sus músculos. Nos dirigimos directamente a una cabina de las grandes no sin antes recoger mi mochila. En cuanto llegamos le dije que se pusiera a cuatro patas sobre la cama porque no podía esperar más para comprobar el calibre de su agujero. Sin decir nada me sonrió se quitó la toalla y con sus manos se abrió las dos partes de su tremendo culazo enseñándome el borde negro de un butplug que hasta entonces no había descubierto.
- Veo que vienes bien preparado, le dije.
- Por supuesto, ya sabes que no es mi primera sesión.
- Saquemos eso para ver cómo estás por dentro.
Fue arqueando la cintura mientras empujaba con el agujero hacia afuera. Con el segundo o tercer empujón saltó el plug. Debía tener por lo menos ocho centímetros de diámetro en la parte ancha. Al salir el agujero se le quedó abierto y empujó otra vez hacia afuera para enseñarme su interior brillante y rojo. Sin poderme controlar le empecé a comer el agujero y a follarlo con mi lengua mientras le azotaba ese duro culazo de vez en cuando. Como estaba a tope con la escenita del plug me puse una goma y le metí toda la poya de un solo empujón. Su culo estaba caliente y húmedo y no ofrecía la más mínima resistencia. Se la sacaba entera y volvía a entrar de golpe, él seguía apartándose las cachotas con las manos para que llegase lo más adentro posible. Mientras le puse los dedos en la boca y sabiendo lo que quería empezó a lamerlos hasta que terminé follándole la boca con los cinco dedos. Una vez lubricados, los dedos fueron, poco a poco, haciendo compañía a mi poya dentro de su culo, primero 3, luego 4 y por último metí el gordo y empecé a follarlo en embestidas cada vez más profundas, agarrándome el rabo con la mano, hasta que tuvo los dos dentro de su suave y dilatado agujero. Yo alucinaba viendo a ese niñato con cara de angelito y cuerpazo de culturista recibir lo que le quisieran meter y comprendí que todo lo que me había contado por chat era verdad y seguramente se había quedado corto: según él desde los diecisiete años ya se follaba él mismo con lo que pillaba por casa: pepinos, botes de champú, botellas,… o su propio puño. Y estaba claro que su obsesión por las dilataciones había ido en aumento desde entonces.
Como los dos queríamos una sesión larga paramos un momento que aproveché para sacar todo el material de la mochila: varios dildos, popper, lubricante, un arnés para grandes dildos y unos guantes industriales largos de goma negra. Cuando vio todo aquello sobre la colchoneta de la cabina se le iluminó su cara de niño como si fuese el mejor regalo que podían hacerle. Empezó a coger los dildos más gordos sobándolos y lamiéndolos, en especial dos de ellos: el mayor, uno rojo de unos 50x9cm y otro negro más corto pero con un reborde en forma de espiral a todo lo largo de más de 10cm de diámetro.
- Elige el que más te guste, le dije
- Creo que empezaré con éste y señaló el dildo con forma de tornillo.
- ¿Estás seguro?, ¿no es demasiado?
- Para nada, dijo, como un poco ofendido por la duda.
Para preparar su agujero me embadurné de lube las manos, tomamos popper los dos y le follé a puñetazos un rato colocado boca arriba. Luego me coloqué el arnés y el dildo y empecé a meterle lentamente ese tremendo sacacorchos de goma. Al cabo de un rato lo tenía enterrado entero en el culo. Él mantenía bien separadas y estiradas las piernas agarrándose por los pies y tenía los ojos cerrados. Tomamos los dos otra buena esnifada de popper y, apoyándome en la colchoneta, empecé a follarlo sacando y metiendo todo el dildo en largas embestidas cada vez más rápidas. David gemía como un loco y empezó a mearse de gusto sobre su pecho y sus abdominales.
- ¡Qué pasada!, como sigas bombeándome así el culo me voy a correr, dijo.
- Espera, esto sólo acaba de empezar.
Para evitar que ese niñato se me corriera vivo paramos un momento. Cuando se incorporó David estaba rojo, sudando por todo el cuerpo y con una mirada de vicio alucinante.
- Dame más, necesito sentir el culo a tope, me he puesto súper guarro.
Después de unos minutos cambiamos de dildo y de postura. David se puso de nuevo a cuatro patas. La visión de su culazo así, tan cerca y bien abierto, es algo que no se puede uno quitar de la cabeza. Esta vez le tocó el turno al dildo rojo, por lo menos tan largo como mi brazo. Empujé la punta en su agujero y empezó a meterse dentro sin problemas porque era algo más estrecho que el anterior. Un poco más allá de la mitad del dildo, a la altura de su segundo esfínter, David empezó a hacer unos ruiditos como si se quejara.
- ¿Te molesta?, ¿paro?
- No tío, pero dame tiempo, está muy adentro.
Comencé entonces a sacar un poco para meter un poco más y así y a base de más popper fui metiendo más y más dildo cada vez casi hasta dejar fuera sólo 6 ó 7 cm.
- ¿lo notas adentro?
-No veas, ¡fóllame a tope, tío!
Con ese rabazo dentro empecé a darle caña como pedía. David se estaba poniendo ciego de popper y presionaba cada vez más su culo contra el dildo. Después de un rato de follada brutal en la que llegó a tragarse prácticamente todo el dildo se lo saqué entero. Cogí entonces los guantes de goma y me los puse en los dos brazos. Él mismo me ayudó a lubricarlos. Me tendí en la colchoneta con un brazo apoyado en el codo, entonces David se puso en cuclillas sobre mi puño cerrado empalándose él mismo. De un solo empujón se metió la mitad de mi brazo y comenzó a cabalgar cada vez más deprisa mientras se frotaba los piercing de las tetas y se pajeaba la poya. De pronto se puso de rodillas sobre la cama comenzó a introducirse la parte más ancha de mi antebrazo bajando lentamente hacia el codo. Si no hubiera sido porque había comprobado la profundidad de su agujero con el consolador rojo, no lo hubiese creído: David estaba sentado apoyando el culo directamente sobre el colchón con todo mi antebrazo hasta casi el bíceps dentro y estaba pegando pequeños botecitos para notar cómo se deslizaba entero. Al verle tan concentrado y con la poya a reventar le pregunté:
- ¿Te quieres correr así?
- Todavía no, quiero que hagamos otra cosa, dijo.
Sin sacarse el brazo del todo se las arregló para acostarse sobre la espalda con las piernas abiertas como antes. Cogiendo un dildo largo de dos cabezas un poco más estrecho que el rojo, lo untó de lubricante y me lo alargo:
- Méteme esto a la vez.
Sacándole casi todo el brazo, dejando sólo el puño dentro, fui metiendo la cabeza del dildo y comencé a follarlo con ambos como antes lo había hecho con mi propia poya, sólo que en este caso el cacharro de goma era más del doble de largo y de gordo. Como suponía David se las arregló para tragar los dos, yo le metía cada vez más brazo y más dildo dentro. Llegó un momento en que ya tenía el codo enterrado dentro de su culo y casi todo el dildo y se le movía la tableta de sus abdominales con los movimientos de mi brazo y el dildo dentro. Él esnifaba como un loco y sólo sabía decir:
- ¡Folla!, ¡fóllame a tope el agujero, tío!
Estaba claro que ese niño necesitaba una ración cada vez mayor. Yo conocía tipos que tomaban drogas para dilatar y después de muchos años no llegaban a lo que este chaval era capaz de hacer ya. Estaba claro que su obsesión sin límite por aumentar el tamaño de lo que su culo tragaba era posible por unas buenas dotes naturales, por la elasticidad de sus jóvenes tejidos y, sin duda, por una tremenda constancia. Desde luego era único, nunca había visto nada igual, ni siquiera en la web. Su culo me tenía hipnotizado, poco a poco había tomado el control de la situación. Después de un rato de follada de puño y dildo me dijo:
- Saca el dildo y mete el otro brazo.
- ¿Estás seguro?
- Claro, no es la primera vez, hace un mes ya me lo hicieron una pareja de tíos de Málaga. ¡Dame tu otro puño, tío!, ¡estoy abierto como una puta perra!
Entonces saqué el dildo del todo y David me volvió a lubricar él mismo mi brazo libre. Sólo una vez antes le había metido los dos puños a un tío pero recordaba que no había sido nada fácil y eso que él era todo un experto. Esta vez hice lo mismo que entonces me había enseñado aquel francés: sacar el brazo hasta la parte más estrecha y empezar a meter los dedos de la otra mano a esa altura. Con la cantidad de popper que llevaba dentro y después de la follada de dildo y puño, David se tragó de golpe hasta la mitad de mi antebrazo derecho y hasta los nudillos de mi mano izquierda. A esa altura empecé a tener que presionar un poco más, pero con dos o tres empujones le entró la otra mano. David se movía presionando el culo contra mis brazos. Yo le follaba con lentos movimientos hasta que me di cuenta de que su culo se estaba abriendo más todavía y entonces empecé a sacar del todo los dos brazos y a meterlos de nuevo y seguí haciéndolo cada vez más rápido. De pronto, sin decir palabra David hizo un gesto que no necesitaba más explicación: cerró una de sus manos en forma de puño y con los dedos de la otra cubrió la anterior formando así una especie de puño gigante. A mí no me hizo falta una segunda invitación y coloqué las manos de esa manera en la entrada de su agujero que, a esas alturas, era algo descomunal lleno de lubricante y de los propios jugos del muchacho.
Entonces empecé a meterle esa bola de carne por el culo. A los cinco minutos ya le estaba follando a puñetazo limpio con los dos brazos a la vez:
- ¡Toma tu puño, chaval!, ¡hártate de puño!, ¡siente ese agujerazo vicioso relleno a tope!
A esas alturas David se la estaba pelando como un loco y, sin hacer apenas ningún sonido, con una sonrisa de felicidad en la cara y mis brazos bombeándole el culo sin parar, empezó a correrse como un bestia soltando unos trallazos tremendos de leche. Después de eso se quedó flojo sobre la colchoneta, como si se hubiese descargado de una tensión enorme. Le saqué los puños con cuidado, me quité los guantes y me puse a acariciar su agujero que estaba ardiendo, suave y dilatado al máximo.
- ¿Estás bien?, le dije.
- De puta madre, ¡me has sacado toda la leche, cabrón!, hubiera querido aguantar más pero no podía aguantar tanto gustazo.
Continuará…

Quién está conectado

Actualmente hay 0 usuarios y 25 invitados en línea.